La vitamina k y la coagulación sanguínea

La vitamina K se conoce también como fitomenadiona, integra el grupo de las vitaminas liposolubles. Esta vitamina cumple una función muy importante como es mantener la buena coagulación de la sangre y producir nuevos glóbulos rojos, su consumo durante la infancia y la lactancia es muy importante consumirla.

 

La vitamina K está presente en los vegetales verdes como la espinaca, la rúcula, la lechuga morada, las coles, en la alfalfa, los tomates, el kiwi, el hígado de vaca y cerdo, el aguacate, los huevos y todos los cereales integrales. Uno de los alimentos que más vitamina k contiene es el perejil. El aceite de oliva virgen también aporta buenas cantidades.

El cuerpo produce vitamina k, aunque es necesario también incorporarla a través de alimentos. Durante la lactancia, los médicos recomiendan dosis extras de vitamina k. La exposición moderada y diaria a la luz del sol ayuda a fijar la vitamina K. Este es uno de los tantos factores por los cuales la vida al aire libre es sana para niños y adultos.

Las deficiencias de vitamina k generalmente se diagnostica luego de que aparece una hemorragia sin un motivo concreto. Entre otras cosas, puede interferir en la función intestinal, malformaciones óseas, por eso es importante consumir esta vitamina durante el embarazo, mala densidad ósea, osteoporosis temprana, sangrados frecuentes por nariz o través de la orina y formación de hematomas sin que haya ocurrido un golpe previo, son otras muestras de la falta de esta vitamina.

Además, las personas que hacen tratamientos prolongados con aspirinas, anticonvulsivos o anticoagulantes también pueden sufrir alteraciones en la absorción de la vitamina k.

Hay que tener en cuenta que la vitamina k no se destruye durante la cocción o con el calor como sí sucede con otras vitaminas.

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